En esta vida no hay adivinos. Si tú tienes uno, cuídalo muy bien.
¿Cuántas veces te has enojado con tu esposo o esposa, amigos o familia porque no hicieron lo que tú esperabas de ellos? ¿Cuántas veces te has desilusionado de una persona porque no reconoció tu esfuerzo o valor? Uf, la peor expectativa que podemos crear es cuando la persona más amada no nos celebra en grande nuestro cumpleaños. ¡Que nadie se meta, esto es un duelo!
¿Qué querías realmente?
¿Que la gente adivine que tu cumpleaños es el día más importante del año para ti y que te gusta celebrarlo en grande con una gran fiesta con comida y bebida de tu gusto y en medio de un ambiente armonioso, cariñoso y alegre? La pregunta ahora es, ¿comunicaste con detalle, compartiste lo importante que era para ti? O, ¿porque has vivido con una persona más de 5, 10, 15 ó 20 años esperas que al fin lo haya entendido?
Creo que la expectativa es un problema universal. Es la causa de tantos problemas en relaciones personales como profesionales. Varias veces asumimos que porque la gente nos conoce o porque estamos pagando por un servicio, deben saber exactamente lo que esperamos de ellos. Éste es un gran error, amigos míos, creo que a todos nos pasa que esperamos mucho de los demás. Tal vez como un espejo, queremos que los demás nos den lo que nosotros damos. Gran desilusión nos causa esperar esto pues la mayor parte del tiempo la vida no es así.
¿Qué podemos hacer?
La comunicación es clave.
Recuerda la última ocasión cuando te frustraste porque algo no salió como lo esperabas. Pregúntate si había otros involucrados o estabas solo. Cuando otros se involucran en nuestros sueños o ideas no podemos esperar que tengan exactamente las mismas expectativas. En este caso, sólo puedes manejar tu expectativa y comunicar lo que tú quieres y de ahí empezar el dialogo sobre cómo pueden llegar a un acuerdo mutuo en el que ambos ganen.
Si por otro lado, alguien de tu familia, amistades o de tu trabajo siente que no cumpliste con algo que esperaban de ti, pregúntales qué querían ver, sentir, vivir. Sólo así podrás entender y prepararte para la próxima ocasión. Es imposible adivinar. Hazlo por tu felicidad y tranquilidad mental para tener relaciones sanas y sin drama o culpabilidad.
Historia personal
Este fin de semana me pasó exactamente esto. No supe cómo manejar mis expectativas hacia una persona que contraté para un proyecto. Yo tenía una idea muy clara de lo que quería y pensé que como esta persona se consideraba una profesional, me ayudaría a tomar decisiones para lograr mi propósito, para lograr mi meta. Asumí que sabría hacer su trabajo y me ayudaría a tomar decisiones. Me equivoqué. En realidad era una persona sencilla, con poca experiencia y realmente de buenas intenciones pero le faltaba chispa. Perdí la paciencia por su falta de dirección, me enojé muchísimo por que me hizo perder el tiempo, las pilas se me apagaron y me sentí muy mal. Terminamos el trabajo, pero no según mis expectativas.
Lección aprendida: siempre, siempre, siempre comunica lo que quieres. Es importante que la otra persona sepa lo que esperas de la relación o trabajo. Dile qué te haría feliz. La mayoría del tiempo la gente quiere exactamente eso y están dispuestos a darte lo que pidas, simplemente lo tienes que comunicar. Después de 2 días de reflexión y para eliminar cualquier mala vibra, llamé a esta persona y le pedí perdón por no haber asumido mi responsabilidad de comunicarle lo que yo quería, por haber asumido que por ser profesional en su ramo que ella tendría que saber qué hacer. Nota: aunque tal vez pudo haberme dado un mejor servicio, prefiero asumirlo como mi responsabilidad si no le doy el poder de haber abusado de mi confianza, tiempo y dinero. Así para la próxima, ya sé que hacer y en realidad no me volverá a pasar. En este caso evito entrar al estado de víctima, pues no me sirve y me siento mal. Prefiero salir adelante y punto. Es más sano.
Mi reto y el tuyo
Comunica con mucha claridad lo que esperas de los demás. Reconoce a las personas que te ayudan y que alguna vez por tu falta de comunicación les has perdido la paciencia. Haz una lista de personas que en tu corazón sabes que siempre quieren darte lo mejor, mándales un correo o llámalos por teléfono para reconocer el bien que aportan en tu vida. Reconozco a mis hermanos que siempre están ahí para ayudarme y no siempre les digo cuánto los aprecio. Son mi tesoro y los quiero mucho. Me comprometo a hablarles por teléfono y compartirlo con ellos. ¿Y tú a quién le vas hablar?
¡Ponte las Pilas!
Te quiero mucho. Yo creo en ti.
Claudia
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