Los hijos aportan en su llegada al mundo cierta esperanza, novedad, ternura, una alegría inmensa y en muchos casos hasta unión familiar. Son una gran bendición, muchas mujeres dirían que hasta es un privilegio pues hay muchas de ellas que no pueden o deciden no tener hijos. La grandeza de ser madre es maravillosa hasta el momento en que te llega como una cachetada, talla tsunami, la gran responsabilidad que sientes al abrazar a un bebé tan indefenso, tan dependiente de ti. Uno tiene la gran oportunidad de influenciar toda una vida. En ese momento te preguntas:
¿Dónde está el santo manual de operaciones? ¿Por qué nadie nos dijo que los hijos llegan sin instrucciones? ¿En qué momento pensamos que sería fácil?
El corazón te palpita con una velocidad espantosa y le ruegas a Dios que te de alguna señal y que te guíe. Lo primero que aprendemos es que:
Ser madre requiere muchísima paciencia.
Este enchufe lo escribo como desahogo pues ha llegado el momento en que debo decidir si debo ser dura y estricta con mi hijos, es decir, ponerme clara y decirles "te sientas, calladita y sin moverte, hasta que yo te dé permiso de hacer algo diferente" (tradición a la mexicana, como me educaron a mi) o bien me tomo una aspirina, un tequila doble o un calmante para apaciguar mis ganas de controlarlos y disfrutar de su niñez.
Las preguntas que me pasan por la mente son, ¿qué es ser niño en estos tiempos? ¿Es normal que tengan tanta energía? ¿Será que en la escuela donde están son tan estrictos que cuando llegan a casa se sienten súper liberados y se desahogan al querer hacer todo lo posible para recuperar el tiempo perdido?
Me estoy volviendo loca
Por un lado también me pregunto si en realidad soy una neurótica y tengo que cambiar mi manera de ser. ¿Cómo se puede vivir en una sociedad donde no hay mucha ayuda con las responsabilidades de ser mujer, qué se puede hacer cuando hay que mantener un hogar, trabajar y dar lo mejor, desvelarse por complacer a un esposo exigente y al mismo tiempo querer lograr metas importantes para un futuro mejor?
Lo que más queremos
En mi corazón y mi alma sé que quiero tener una relación de confianza, de amor y de cooperación con mis hijos (se ven tantos casos de jóvenes que salen embarazadas o hijos drogadictos por la falta de atención en sus casas que es inquietante no querer hacer algo por evitar estas consecuencias). Pero no es fácil cuando a uno lo educaron de una manera estricta, donde nuestras opiniones no contaban, donde nos daban un golpe por exigir que tomen en cuenta nuestros derechos a ser respetados. Esto nos persigue en la vida de adultos al dejar que gente con cierta 'autoridad' nos quiera dominar y controlar.
¿Qué les parece? Qué pena que esto provenga de los condicionamientos de nuestra niñez. Llevo 7 años trabajando en mi liberación personal, librándome del condicionamiento de miedo a la autoridad, del autosabotaje, de sentirme la pobre víctima, de experiencias de mi niñez que ya no me sirven en mi vida de adulta. Saber que yo también podría repetir el mismo patrón con mis hijos, me da conciencia para tratarlos con mucho respeto pero a la vez frustración de no saber cómo reinventarme para no dañarlos. Sobre todo cuando se alocan.
Cómo dan ganas de gritar cuando tus hijos quieren jugar y tú tienes los nervios de punta por tanta responsabilidad. Esta declaración la comparto contigo porque si tú tienes hijos sabes muy bien de lo que estoy hablando y quiero que sepas que no estás sola.
Yo quiero lo mejor
Al escribir este enchufe me pongo las pilas y me comprometo a: escuchar a mis hijos, ser muy paciente, mantenerme callada hasta que den su opinión, no decir barbaridades cuando me faltan el respeto sino actuar como modelo para que vean cómo pueden hacer daño con sus palabras y para que tomen conciencia de sus actos. Me comprometo a darme un pellizco o más bien un abrazo cuando sienta que voy a perder la cabeza por sus gritos y pleitos de hermanos. Me daré la libertad de regresar a mi niñez y al mismo tiempo crecer con ellos. Por el momento es lo único que me viene al alma, en cima por supuesto de pedir y aceptar consejos, leer libros y tener buenas amigas con quien desahogarme con un tequilita de vez en cuando para ¡recargarme las pilas!
¿Tú qué harías?
Si eres hombre o esposo leyendo este enchufe por elección o porque te lo pasaron, invita a tu esposa a dar una vuelta, sé valiente y dile lo valiosa que es y enumérale todas las buenas cualidades que reconoces en ella, esto le subirá la autoestima, la moral y la recargará de nuevas energías para seguir adelante como tu compañera. Te lo agradecerá y quién sabe si hasta te complazca con otros detallitos que bueno no mencionaré en este enchufe.
¡Que vivan las mujeres! Gracias por ser parte de mi vida.
Te quiero mucho. Yo creo en ti.
Claudia
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